ESTUDIO SOCIAL MULTIDISCIPLINARIO DE UNA COMUNIDAD CUBANA
MULTIDISCIPLINARY SOCIAL STUDY OF A CUBAN COMMUNITY
Elena Ricardo-Ochoa1
E-mail: ericardo@uho.edu.cu
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-4007-7171
Aime Acosta-Mir1
E-mail: aacosta@uho.edu.cu
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-0828-0989
Dayamí Danyelis Gelabert-Veliz1
E-mail: dgelaver@uho.edu.cu
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-7723-4986
1 Universidad de Holguín “Oscar Lucero Moya”. Cuba.
RESUMEN
En el presente estudio se realiza un estudio social, desde un enfoque multidisciplinario, desde factores demográficos y socioeconómicos que influyen en la reproducción de vulnerabilidades sociales en una comunidad residencial cubana, sin negar los logros obtenidos en Cuba y la prioridad que esta sociedad otorga a la búsqueda de mayores grados de igualdad. Los autores, por consiguiente, no limitan su acercamiento al tema desde una mirada a los factores internos y externos que generan una creciente complejidad de la sociedad cubana, a nivel regional y de comunidad local; sino que, principalmente, a partir de la interpretación de los resultados de un estudio empírico en una comunidad residencial, y sin perder de vista las interrelaciones macro-meso y micro sociales, se acercan a factores interrelacionados, como color de la piel, grupo etario, origen territorial, tipo de barrio residencial, tipo de familia y situación socioeconómica, lo que en conjunto verifica y amplía los resultados de otros estudios sobre el tema, realizados en la sociedad cubana.
Palabras clave:
Comunidad, factores demográficos, socioeconómicos.
ABSTRACT
In the present study, a social study is carried out, from a multidisciplinary approach, from demographic and socioeconomic factors that influence the reproduction of social vulnerabilities in a Cuban residential community, without denying the achievements obtained in Cuba and the priority that this society gives to the search for greater degrees of equality. The authors, therefore, do not limit their approach to the topic to a look at the internal and external factors that generate a growing complexity in Cuban society, at the regional and local community level; Rather, mainly from the interpretation of the results of an empirical study in a residential community, and without losing sight of the macro-meso and micro social interrelations, they approach interrelated factors, such as skin color, age group, territorial origin, type of residential neighborhood, type of family and socioeconomic situation, which together verify and expand the results of other studies on the subject, carried out in Cuban society.
Keywords:
Community, demographic, socioeconomic factors.
INTRODUCCIÓN
A partir del triunfo de la revolución cubana, se encauzan un conjunto de transformaciones en el ámbito económico, de la educación, la salud, la seguridad social, entre otros, dirigidas a cambiar de forma favorable e integral las condiciones de vida de toda la población sin discriminaciones por motivos de sexo, color de la piel, religión, o cualquier otra. Entre esas medidas se destacan: eliminación de las relaciones de explotación y las vulnerabilidades generadas por estas, promulgación de avanzadas políticas como la gratuidad de la educación y la salud, supresión del analfabetismo, redistribución de la riqueza social a través de formas más equitativas, y el acceso a salarios por igual trabajo para hombres y mujeres.
Por consiguiente, disímiles autores (Aguayo & Calderón, 2020; Izcara, 2020; Martínez, 2021). afirman que conforme se avanza en los resultados de tales medidas, hombres y mujeres experimentan una elevada movilidad social ascendente. La igualdad social y la no discriminación por razón alguna se establece en la Constitución de la República de 1976 y se amplía en la hoy vigente de 2022, así como en el Código de trabajo y otros instrumentos jurídicos nacionales. Además, son múltiples los instrumentos jurídicos internacionales que refrendan la igualdad social, firmados y ratificados por Cuba (Ricardo & Pino, 2016; Ricardo et al., 2020).
Hombres, mujeres, niños y niñas de las familias cubanas son beneficiarias de las políticas de acceso gratuito a los servicios de salud, educación y cultura, considerados estos como responsabilidad del Estado. De modo que, la profunda, multidimensional y multifactorial crisis de la última década del pasado siglo empeoró las condiciones de vida de la inmensa mayoría de la población cubana (Voghon, 2012; Martínez, 2021). La actual crisis epidemiológica, económica, en un contexto nacional e internacional adverso tiene un mayor impacto negativo en los grupos sociales con una desventaja sociocultural y se producen y reproducen vulnerabilidades sociales, algunas de carácter racial, contrario a los propósitos de la revolución cubana.
Los autores del presente trabajo proponen como objetivo: aproximarse, desde un enfoque multidisciplinario, a diversos factores demográficos y socioeconómicos que influyen en la reproducción de vulnerabilidades sociales en la comunidad “Alcides Pino”, del municipio Holguín, que pertenece a la provincia cubana de igual nombre.
MATERIALES Y MÉTODOS
La estrategia utilizada es la triangulación múltiple, esto es, triangulación de fuentes de datos, de métodos e informaciones. En el estudio se trabajó con una muestra, seleccionada de forma intencional, de 30 mujeres, y sus respectivas familias, residentes en la comunidad "Alcides Pino", del municipio Holguín, que pertenece a la provincia cubana del mismo nombre.
Se aplicaron entrevistas en profundidad a informantes que representan el control oficial (14) y a otros sujetos de la comunidad (12), se utilizó el estudio de casos, la observación participante abierta, las historias de vida; así como el procesamiento de informaciones obtenidas del análisis de una muestra de la literatura que versa sobre el tema o que permite ubicarnos en el contexto social para una mejor comprensión de los datos obtenidos por métodos empíricos.
En la selección de la muestra bibliográfica se asume que la literatura cubana más actual sobre el tema tiende a sintetizar el conocimiento pasado y que para los fines del estudio era suficiente contar con cierta base de conocimiento. Las informaciones obtenidas a través de diferentes métodos, entre enero de 2018 y diciembre de 2021, se triangulan, lo cual implica utilizar métodos teóricos como el análisis y síntesis, e inducción y deducción.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Como resultante, se partió del grupo de edades, del total de la muestra del estudio, ocho mujeres se ubican entre los 20 y 25 años; 14 entre 26 y 30 años; tres entre 31 y 35 años; tres entre 36 y 40 años; uno entre los 41 y 50 años; uno entre los 51 y 55 años. La situación conyugal, según grupos de edades, manifiesta que en la muestra del estudio están representados las mujeres solteras (17), distribuidas en los grupos de edades entre 15 y 30 años; las unidas (seis), distribuidas en los grupos de 15 y 35 años; y las separadas (siete) que se ubican en todos los rangos de edades a partir de los 26 años.
En el total de la muestra del estudio, 23 mujeres (77%) no tienen hijos y siete (23%) tienen entre uno y tres hijos, de ellas tres procrearon en soltería. En cuanto a situación conyugal de las mujeres madres solo una está unida, el resto se encuentran separadas distribuidas en casi todos los grupos de edades, con una sobrerrepresentación (cinco) de las que tienen 26 años y más, lo que denota la ausencia, formación y disolución de uniones conyugales, tras lo cual la mayoría de estas mujeres quedan a cargo de sus hijos sin una pareja estable.
Según origen territorial, tipo de barriada de residencia, y color de la piel, se aprecia que, del total de la muestra, 24 (80%) son nativas de la comunidad, de las cuales 18 (75 %) son blancas y seis (25%) no son blancas. Como subgrupo, las blancas aportan un 90% a las nativas de la comunidad, frente a un 60 % de la contribución de las no blancas; lo que puede ser expresión de la estructura de la comunidad según el color de la piel.
Se conoció además que, en el total de la muestra, se encuentran seis inmigrantes (20%), que se asientan en barriadas marginales, de ellas dos blancas y cuatro no blancas, lo que representa una mayor contribución de las no blancas a los inmigrantes que se asientan en barriadas marginales configuradas a partir de 1990, lo que confirmaría la interrelación entre inmigración y marginalidad, especialmente de negras y mestizas.
Sin duda alguna, la desventaja social no es privativa de inmigrantes negras y mestizas que engrosan barriadas marginales; de 18 mujeres que residen en barriadas marginales, 11 son blancas y siete son mestizas y negras, lo que refleja una mayor presencia de las blancas en el total de residentes en este tipo de barriadas, aunque del total de cada subgrupo, las no blancas aportan, a este indicador, un 70 %, y las blancas un 55 %; aunque, si descontamos, de cada subgrupo, las inmigrantes que nutren barriadas marginales posteriores a 1990, se obtiene que nueve blancas y tres mestizas y negras, todas nativas, residen en barriadas marginales configuradas antes de 1990, lo cual sugiere la reproducción histórico cultural de desventajas sociales.
De las 30 mujeres estudiadas, 12 (40%) residen en barriadas no marginales, de ellas nueve (75%) son blancas y tres (25%) no son blancas; como subgrupo, las primeras aportan el 45 % y las segundas el 30% a las que viven en barriadas socioculturalmente más favorables; respecto a la integración a las instituciones escolares y los grados de escolaridad, resaltan que de los 30 sujetos de la muestra, seis (20%) desertan de la escuela, distribuidos en los niveles de instrucción primario, medio y medio superior; nueve (30%) concluyen 9no grado, sin continuar estudios; 13 (43,3%) tienen 12 grado aprobado, de las que solo dos continúan estudios; dos (6,6%) poseen nivel terciario.
Por consiguiente, dada las edades que corresponden a cada grado de escolaridad, 26(87 %) pierde el vínculo con las instituciones escolares, entre la niñez y los inicios del primer periodo de la juventud, a saber, 15 (50%) entre los ocho y 16 años de edad y 11(37%) a los 18 años, pues de las 13 que alcanzan 12 grado, solo dos mujeres continúan la universidad. Es llamativo que, del total de la muestra, cuatro (13 %) se mantienen integradas a la escuela hasta ser universitarias o están en proceso de alcanzar un título universitario.
Cabe resaltar, según el color de la piel, dos (10%) del subgrupo de mujeres de color de la piel blanco, están integradas a la escuela, frente a ninguna de las no blancas. En las blancas, se encuentran 13 de las 18 que tienen 10 grados y más de escolaridad, incluidas las dos graduadas universitarias y las dos que cursan la universidad, lo que representa el 65 % de este subgrupo, mientras que, en este indicador, se constatan cinco (50 %) de las no blancas. Por debajo de los 10 grados de escolaridad, se hayan siete (35%) de las blancas y cinco (50 %) de las no blancas.
Los grados de escolaridad ayudan a comprender, en parte, la elevada proporción de sujetos no integrados a instituciones laborales. Del total de la muestra, solo nueve (30 %) trabajan; si de las 21 mujeres restantes descontamos las dos estudiantes, se observa que 19 (63%) carecen de trabajo fijo remunerado. De las nueve que trabajan, siete son intelectuales del sector estatal tradicional y el 23 % obreras de los servicios que exigen baja cualificación, en diferentes sectores de la economía (estatal tradicional y emergente, privado); según color de la piel, de las nueve que trabajan, ocho son blancas, lo que representa el 40 % del total de este subgrupo, mientras que solo una (10%) de las no blancas trabaja, como obrera de los servicios que exigen baja cualificación en el sector estatal tradicional. En las 19 mujeres no integradas al trabajo fijo remunerado, se encuentran 10 (50%) de total del subgrupo de mujeres blancas y nueve (90 %) de las negras y mestizas.
Respecto al nivel de ingresos monetarios del total de la muestra, resalta que 21 sujetos (70 %) se encuentran en el nivel de precariedad y ausencia de ingresos fijos, cifra algo superior a la de las desocupadas, de lo cual se infiere que en dicho nivel se ubican las dos estudiantes.
De las 30 mujeres, el 23% (siete) tienen ingresos altos y dos (7 %) ingresos mínimos, lo cual se corresponde, o no, con el salario y gratificaciones asociadas a las ya descritas ocupaciones por sectores de la economía y con la cualificación que estas exigen, lo cual pudiera estar relacionado con el efecto diferenciador de la inversión de la pirámide de calificación e ingresos y del acceso a remuneraciones no provenientes del trabajo.
Según color de la piel, se constata que están en el nivel de precariedad y ausencia de ingresos fijos, el 60 % del subgrupo de mujeres de color de la piel blanco y el 90 % de los no blancas; el cinco % de los primeras y el 10 % de las segundas poseen ingresos mínimos; por último, siete (35 %) de las blancas tiene altos ingresos, así que este subgrupo aporta todos los sujetos de la muestra con un mejor nivel de ingresos.
Las evidencias empíricas denotan, en la muestra del estudio, un significativo grupo de mujeres de diferente color de la piel que se encuentran en una situación de desventaja escolar, desintegración escolar y laboral y ausencia o precariedad de ingresos fijos, pero son las no blancas las que presentan una peor situación. No obstante, es llamativo que un pequeño subgrupo de las mujeres blancas tiene una situación laboral, escolar y de ingresos favorable. La desigual situación (barrial, escolar, laboral, de ingresos) de los sujetos, debe verse en su relación con la familia, - la de procedencia y la de pertenencia-, aspectos todos que se encuentran bajo la influencia del estado de cosas o circunstancias sociales más amplias en un periodo de tiempo determinado (Suárez, 2021).
Según la situación socioeconómica de la familia de procedencia, del total de la muestra, 7 (23%) tienen una buena situación, 6 (20 %) regular y 17 (57 %) pésima. Una mirada a dicha característica, según color de la piel, revela que el 80% de las familias de procedencia del subgrupo no blanco y el 45% del blanco presentan una pésima situación socioeconómica. En una situación regular encontramos un 20% de familias de cada subgrupo. Por último, solo 7 familias blancas (35 % de las mismas), y ninguna de las no blancas, se encuentran en una buena situación socioeconómica.
La triangulación de los datos antes expuestos con los que revelan mejor la situación socioeconómica de las mueres estudiadas, permite percibir la equivalencia entre la cifra de familias de procedencia con buena situación y la cifra de mujeres que trabajan y tienen altos ingresos; así como la equivalencia del total de familias en regular y pésima situación y el total de las que tienen precariedad, ausencia o ingresos mínimos, lo que denota vulnerabilidades sociales que se reproducen al interior y entre las familias. A continuación, se describen los aspectos evaluados que permiten la clasificación, buena, regular y pésima, de la situación socioeconómica de las familias de procedencia de los sujetos de la muestra del estudio
Por resultante, buena situación socioeconómica de la familia, residen en barriadas en condiciones favorables, en lo fundamental, en cuanto a calidad de las viviendas, acceso con cierta estabilidad a agua potable, servicio de alcantarillado o a otros medios alternativos; mayor cercanía geográfica y fácil desplazamiento a las principales instituciones públicas. Resaltan por los altos ingresos de los que desempeñan roles de manutención del núcleo familiar. Dichos ingresos, en algunos casos, provienen de ocupaciones con salarios nominales más bien altos en el sector estatal tradicional de los servicios (educación, salud), y en otros casos del trabajo en los servicios emergentes (shoppings, turismo) y en el sector no estatal de la economía; ingresos mejorados con el acceso a monedas libremente convertibles o su equivalente en moneda nacional, ya sea por la labor que se realiza, viajes al exterior y remesas de familiares residentes en otros países.
Tienen una buena vivienda (amplia, de mampostería, con buen acabado, ventilada, con seis o más habitaciones). Poseen variados equipos electrodomésticos y mobiliarios, todo moderno y en buen estado de conservación. Uso de vestuario costoso, y acceso con relativa frecuencia a instalaciones recreativas, y a otras destinadas a la compra- venta de variados bienes de altos precios. Las familias de procedencia con una situación socioeconómica regular, salvo un caso, residen en barriadas no marginales. Tienen ingresos estables en forma de salarios nominales mínimos, medios y altos de los que deben cumplir roles de manutención de la familia. En los últimos están representados obreros e intelectuales de los servicios del sector estatal tradicional de la economía, y en menor medida, los que reciben ingresos por jubilación. Para satisfacer sus necesidades perentorias, algunas familias complementan sus ingresos fijos con retribuciones inestables obtenidas en el sector informal de la economía, otros, según parece se ajustan a las retribuciones legales.
Poseen viviendas sin concluir, con tres o cuatro habitaciones pequeñas, de mampostería, una parte del techo es de placa de hormigón armado, y la otra parte es de láminas de zinc o de fibrocemento. Tienen algunos equipos electrodomésticos y escaso mobiliario básico, algunos de ellos nuevos y otros están dañados y próximos al final de su vida útil. El vestuario diario, la mayoría deslucido por el uso, es casi siempre de los que se venden en las llamadas tiendas industriales y de ropa reciclada. Las familias con una situación socioeconómica pésima residen en barriadas marginales. El, o los, que cumplen el rol de manutención de los miembros de la familia presentan una carencia crónica de trabajo retribuido y de ingresos monetarios estables. Solo una de todas estas familias recibe ayuda adicional del Estado. En ocasiones es difícil determinar cómo se las arreglan para, siquiera, comprar la canasta familiar normada por el Estado. Se constata que obtienen algunos ingresos, a través de trabajos eventuales (limpiar viviendas y patios, lavar ropas, revender productos de “segunda mano”); y en menor medida a través de actividades delictivas, según revelan los casos de dos padres reclusos por robo con violencia.
Las viviendas están construidas de manera improvisada y con material inadecuado (madera en mal estado, saco de tela, cartón, nailon). Tienen una o dos habitaciones pequeñas que revelan hacinamiento y ausencia o precariedad de las instalaciones sanitarias. El mobiliario es improvisado y/o está deteriorado. Los pocos equipos electrodomésticos no funcionan. La mayoría usa medios improvisados para la cocción de alimentos, lavar y planchar la ropa. Durante largo tiempo, han tenido un pésimo acceso a agua potable, aunque en los años más recientes la instalación de redes hidráulicas en la comunidad favorece el acceso a un infrecuente servicio de acueducto. Por otro lado, es perceptible la huella del tiempo en su exiguo vestuario diario.
En la muestra del estudio están representados sujetos que proceden de distintos tipos de familias, con diferentes situaciones socioeconómicas. Del total de la muestra, 11 mujeres proceden de familias monoparentales maternas y 9 de reconstituidas, en cada uno de estos tipos de familia solo una tiene una buena situación socioeconómica, 3 poseen una situación regular (2 reconstituidas y una monoparental materna) y 15 (9 monoparentales y 6 reconstituidas) están en una pésima situación socioeconómica. Así, estas familias, en conjunto, representan el 67% del total de las familias de procedencia; aportan 15 (88,2%) de las 17 familias con una pésima situación, el 50 % de las 6 que se encuentran en una situación regular y 2 (28,5%) de las 7 familias con una buena situación.
Por su parte, 7 sujetos (23 %) del total de la muestra, proceden de familias nucleares biparentales, que aportan 5 (71 %) de las 7 familias con una buena situación, 1 (16, 7 %) de las que están en una situación regular y 1 (5,8%) de las que tienen una pésima situación. Las 3 familias ampliadas, de la cual proceden igual número de sujetos, constituyen el 10% del total de familias de la muestra. Estas familias, presentan una situación regular (2) y pésima (1). En lo referido al funcionamiento de las familias de procedencia, según tipo de familia y situación socioeconómica, del total de familias solo 5 (17 %) son funcionales. En ellas se ubican 4 familias nucleares biparentales y una reconstituida de larga duración, todas con una buena situación socioeconómica. Las 25 familias restantes (83%) presentan graves problemas de funcionamiento. En este subgrupo están representados los diferentes tipos de familias y situaciones socioeconómicas, con una sobrerrepresentación de las familias monoparentales, reconstituidas y ampliadas con situaciones socioeconómicas regular y pésima.
Los periodos del ciclo vital tienen una naturaleza biológica, cultural y social. Reciben la influencia de la cultura, de las circunstancias materiales en las que se vive en determinados tipos de sociedades y de las diversas interacciones sociales entre sujetos siempre situados. Los complejos procesos de socialización, aunque continúan a lo largo de la vida, tienen una particular importancia durante la infancia, la adolescencia y la juventud (Ranea, 2021).
La diferente situación socioeconómica de las familias de procedencia condiciona, - junto a la estructura y funcionamiento de estas familias, entre otros aspectos sociales-, un diferente punto de partida de los sujetos para socializarse y para acceder, en condiciones de igualdad, a las oportunidades de prosperidad individual ya existentes y establecidas por las reformas de la década de 1990 y las actuales en la sociedad cubana (Espina, 2010, 2011).
La vida de la mayoría de las mujeres estudiadas ha transcurrido en espacios sociales desfavorables. Así, 18 (60 %) de estas mujeres, residen en barriadas marginales, las nativas en una marginalidad espacial configurada antes de 1990 y las inmigrantes arriban y se establecen en algún momento, entre la niñez y la adolescencia, en barriadas marginales formadas posterior a esa década.
El saldo migratorio negativo que presenta Holguín a lo largo de los últimos años tiene como una de sus derivaciones la formación de barriadas marginales en la comunidad Alcides Pino. Este tipo de barriadas, como otras configuradas en la periferia de algunas comunidades urbanas del municipio Holguín se nutren, generalmente, de parte de una emigración espontánea no controlada protagonizada por algunos grupos sociales, de diferentes comunidades y territorios, con una acentuada vulnerabilidad socioeconómica, familiar, escolar; vulnerabilidad que implica un punto de partida y de llegada desventajosa para este tipo de inmigrantes, que los tiende a ubicar dentro de los grupos más desfavorecidos.
Pero, dichas situaciones desventajosas no son privativas de algunos inmigrantes, pues también se observan en nativas de la comunidad, cuyo itinerario familiar denota la reproducción intrafamiliar de esas situaciones. De manera, que no pocos sujetos se encuentran en el extremo más desventajoso de las vulnerabilidades barriales y familiares, que se reproducen a pesar de las acciones oficiales y su efecto en la disminución de las disparidades dentro y entre las regiones históricas culturales.
En estas barriadas marginales se concentra la totalidad de las 15 mujeres estudiadas que pierden el vínculo con la escuela en el transcurso de la niñez y la adolescencia, una minoría (3) de las 13 que alcanzan 12vo grado y ninguna de ellas continúa estudios. La desintegración laboral y la carencia de ingresos estables son elevadas, encontrándose, aquí, 18 (94,7%) de las 19 mujeres que no estudian ni trabajan, el 85,7 % de las 21 mujeres que tienen precariedad o ausencia de ingresos fijos, 16 (94,1%) de las 17 familias de procedencia tienen una situación socioeconómica pésima y 2 (33,3 %) de las 6 familias una situación regular.
En las familias de procedencia sobresale que en estas barridas marginales se encuentran 9 (81,8%) de las 11 familias monoparentales maternas, 6(66,6%) de las 9 familias reconstituidas, 2 (66,6%) de las 3 familias ampliadas y 1 (14,2%) de las 7 familias nucleares biparentales. Todas estas familias con situaciones socioeconómicas desventajosas, presentan graves problemas de funcionamiento.
Los datos confirman la interrelación entre inmigración de sujetos en situaciones sociales desventajosas y marginalidad, constatada por Alcaide (2001), y otros autores en otras sociedades; así como la conjugación entre inmigración, graves problemas de funcionamiento de las familias de origen, insuficiente instrucción, y formación ocupacional, que revelan déficits en los procesos de socialización , en cuya base, según Ranea (2021), se encuentra un punto de partida desventajoso que se inicia en la familia y otros agentes socializadores no pueden revertir.
Lo último, en la inmensa mayoría de los casos, porque los sujetos pierden el vínculo con escuela en el transcurso de etapas que son medulares en el proceso de socialización, y continúan bajo la influencia de relaciones familiares y grupales de carácter negativo, en barriadas marginales; donde, además, los satisfactores de necesidades son escasos y precarios, mientras son acentuadas las inseguridades e insatisfacciones. Espina (2010, 2011) llama la atención acerca de la excesiva homogenización de las políticas sociales y la necesidad de focalizar y atender diferenciadamente a grupos en desventaja para que estos puedan acceder en condiciones de igualdad a las oportunidades de integración social y prosperidad.
El estudio de Anguita (2007), aportó evidencias empíricas de que contrario a los propósitos oficiales, las desventajas familiares y barriales, pueden afectar la plena integración escolar de algunos sujetos en la comunidad. En tal sentido las evidencias aportadas por dicha autora verifican la influencia desfavorable que sobre la integración y el rendimiento escolar tienen las dinámicas familiares y barriales. Niños que viven en familias disfuncionales, sin la alimentación adecuada, sin horarios definidos de descanso y muchas veces afectados por diversas formas de violencia, tienden a llegar tarde a la escuela, se ausentan, tienen dificultades en la concentración y el aprendizaje.
De modo, que no es casual que algunos queden fuera de la escuela a edades donde deberían estarlo, situados en grados de escolaridad más bien bajos, lo que unido a desventajas económicas individuales y familiares, condiciona que esos sujetos tengan mayores limitaciones para integrarse al trabajo estable remunerado en el sector estatal, así como para beneficiarse de redes familiares de ayuda, créditos bancarios, negocios privados, emigración económica cíclica, entre otras oportunidades abiertas en los últimos años.
Los datos empíricos antes sintetizados verifican que hay grupos en situaciones de vulnerabilidad social y de pobreza, más que dificultades económicas, un término, el último, que tiene menor potencial heurístico, según los propósitos y resultados de este estudio. De acuerdo a los hallazgos del estudio, aunque hay blancos y no blancos en situaciones sociales desventajosas, son los negros y mestizos de barriadas marginales, o no, los que presentan una peor situación en las diferentes variables evaluadas, lo que puede interpretarse como manifestación de desiguales racializadas.
Los resultados de la investigación son coherentes con hallazgos de otros estudios sobre algunas problemáticas presentes en la sociedad cubana actual, que pueden estar delimitadas y también difusas en barrios y barriadas, aunque los estudiosos no siempre lo interpretan de la misma forma que la autora.
Dentro de las variables sociodemográficas que cobran cada vez mayor importancia en los estudios sociales se encuentra el color de la piel, como expresión de la racialidad, que puede revelar sensibles comportamientos diferenciales cuando se vincula con diversos factores socioeconómicos y culturales. Al respecto, autores como Morales (2002); Zabala (2009, 2010); Espina (2010); Voghon (2012), entre otros) dan cuenta de situaciones, aspectos y problemáticas sociales que pueden ser semejantes y diferenciales por grupos sociales, según color de la piel, y apuntan a la reproducción de vulnerabilidades sociales y familiares racializadas, no obstante, los avances jurídicos, políticos y sociales en la superación de esas vulnerabilidades en la sociedad cubana.
En las actuales circunstancias existen vulnerabilidades sociales, pobreza (Espina et al., 2011; Espina, 2010, 2011; Zabala, 2009, 2010) y marginalidad, que a juicio de estas autoras son síntesis de procesos de marginalización y automarginación que se producen y reproducen en la sociedad cubana, favorecidos por complejas interrelaciones entre múltiples factores sociales como cierto verticalismo de políticas sociales que no ahondaron lo suficiente en los diferentes puntos de partida de los grupos sociales; vulnerabilidades territoriales, comunitarias, y grupales heredadas y emergentes con la heterogeneización- reestraficación social resultante de la crisis y los cambios de la sociedad cubana; persistencia de patrones culturales, estilos de vida y estrategias presentáneas para enfrentar los problemas cotidianos, crisis de valores, y precarización en algunas familias de sus funciones educativas, económicas y reguladoras que favorecen la reproducción de la pobreza.
No obstante, las vulnerabilidades sociales, la pobreza y la marginalidad no alcanzan en la sociedad cubana la extensión y profundidad que adquieren en otras sociedades en vías de desarrollo, entre otros aspectos, por la existencia en Cuba de políticas públicas universalistas que garantizan el acceso gratuito a la educación, la salud y la cultura; la protección a algunos de los grupos sociales en situaciones de mayor desventaja social y acceso a una canasta familiar normada que cubre una parte mínima de la necesidades perentorias de las familias, canasta subsidiada hasta hace poco tiempo por el Estado, pese a las limitaciones económicas agravadas por el complejo escenario epidemiológico, la crisis económica, el efecto negativo de las reformas y la persistencia y recrudecimiento del bloqueo de Estados Unidos contra Cuba.
La eliminación del subsidio a la canasta familiar normada, el aumento de los precios de bienes y servicios indispensables para las familias, el incremento de las funciones económicas de las familias, la dolarización parcial de la economía, en circunstancias de distorsionadas relaciones de mercado, a las cuales, como observa Espina (2010, 2011), todas los sujetos tienen que acudir para satisfacer una parte significativa de sus necesidades, tiene, en conjunto, potencialidad para ampliar y profundizar las vulnerabilidades sociales y su extremo más perverso, las situaciones de vulnerabilidad social y de pobreza.
Es interesante que 12 (40 %) del total de mujeres, todas nativas con 12mo grado o más, viven en barriadas no marginales, de ellas 7 (58,3%) presentan algún tipo de desventaja social, no siempre igual, que hace más difícil interpretar los resultados. Así, a esas 7 mujeres pertenecen dos que tienen un continuo vínculo con las instituciones escolares y se encuentran cursando la universidad, aunque se ubican entre las que tienen precariedad y ausencia de ingresos fijos, a razón de que viven, respectivamente, en el seno de una familia nuclear biparental y de una familia reconstituida, ambas con una regular situación socioeconómica.
También, se hallan 3 con 12vo grado aprobado, que trabajan en el sector de los servicios estatales que exigen baja cualificación y poseen ingresos mínimos. Sus familias de procedencia son, en orden, monoparental materna, reconstituida, ampliada. Las dos primeras con una situación socioeconómica regular y la última con una situación pésima.
De las dos mujeres restantes, una es trabajadora de los servicios que exigen baja cualificación en el sector del turismo, tiene altos ingresos, es madre y procede de una familia monoparental materna. La otra tiene 12vo grado, no trabaja, pero tiene altos ingresos resultantes de redes familiares de ayuda y su familia de procedencia/pertenencia es nuclear biparental. Lo que tienen en común estas dos mujeres y sus familias es su buena situación económica, el acceso a la divisa y que desde las familias se estimula un estilo de vida centrado en el consumo ostentoso de bienes materiales.
Llama la atención que, de dichas 12 mujeres nativas residentes en barriadas no marginales, 5 (41, 7%) mujeres de color de la piel blanco, con grados de escolaridad más bien altos, integradas al trabajo fijo remunerado, con ingresos elevados, mejorados con el acceso a la divisa, cuyas familias de procedencia/pertenencia tienen una buena situación socioeconómica. Es un subgrupo que está en una posición más favorable, a razón, principalmente, de los ingresos no provenientes del trabajo.
Las evidencias empíricas sobre ocupación e ingresos y situación socioeconómica de las familias, del subgrupo mujeres que residen en barriadas no marginales, pueden interpretarse como expresión de vulnerabilidades entre y dentro de los barrios y entre las familias, causadas por el acceso o no a la divisa, a la diferente posición en la división social del trabajo y las remuneraciones obtenidas, según sector económico y ramas de actividad, con cierta independencia de la cualificación que exige la labor que se realiza. También se manifiesta el efecto que sobre las vulnerabilidades tiene la precarización de la relación entre acceso al trabajo, salarios reales y posibilidad de satisfacción de las necesidades, más la distorsión del principio de distribución socialista.
En las circunstancias actuales de la sociedad cubana, el acceso a bienes y servicios, y en general la posibilidad de mejoría de la calidad de vida, se ha desligado del trabajo aportado y su trascendencia social, y el ya escaso poder de compra de los salarios (Fernández, 2013), se ha agravado en los años de Pandemia de Covid 19, crisis económica e inflación, empeorado por deformaciones estructurales internas, la no siempre eficacia de las medidas internas, y los fuertes obstáculos que impone el persistente bloqueo de los Estados Unidos a Cuba.
El acceso o no al dólar, de los individuos y familias, es, por excelencia, un factor generador de vulnerabilidades sociales, y al mismo tiempo hace frágil la situación de ventaja de los grupos que acceden a la divisa vía remesas, constituyendo estas el pivote principal de su ventaja. Cualquier situación que fracture el flujo de divisas, vía remesas familiares, si se conjuga con circunstancias de cambios desfavorables de la familia, así como a cambios desfavorables en la situación laboral, escolar, demográfica, pudiera, en conjunto, provocar el descenso hacia grupos en desventaja social.
El estudio empírico verifica algunas realidades constatadas por Zabala (2010, 2011), en específico que cuando las familias monoparentales maternas o la jefatura femenina de los hogares se entrecruzan con situaciones desventajosas se pueden producir y reproducir situaciones de vulnerabilidad y pobreza.
En el presente estudio se observan algunas mujeres, inmigrantes y nativas de la comunidad, que constituyen familias monoparentales maternas propias, a edades correspondientes a la adolescencia y primeros años de la juventud, principalmente, con una situación de desventaja económica, familiar, escolar, laboral, de ingresos y barrial que se prolonga y, además, proceden de familias con una trayectoria similar y presentan graves problemas de funcionamiento. Ellas se encuentran en el extremo más desventajoso de las vulnerabilidades sociales.
La casi totalidad de las familias monoparentales maternas propias, estudiadas, así como las familias monoparentales de procedencia, se entrecruzan la reproducción de vulnerabilidades intrafamiliares, déficits en el proceso de socialización, puntos de partida de desventaja social que afecta la preparación del sujeto y su posibilidad real de integrarse a la sociedad a través de los medios oficializados, sobrecarga de las funciones domésticas y económicas sobre las mujeres madres, que las ubica en una situación de vulnerabilidad y pobreza que son, y ellas lo asumen como, muy apremiantes en el sentido de poder o no satisfacer necesidades perentorias de ellas y de su descendencia.
Por supuesto, como también ha observado Zabala (2010), muchos de las desventajas antes mencionadas no son privativos de algunas familias monoparentales maternas, ni el solo hecho de pertenecer o fundar este tipo de familia es de forma aislada un productor de vulnerabilidad o de pobreza. En el presente estudio se encontró evidencia de una familia monoparental que se ubica en una posición económica ventajosa, es un caso y como tal puede ser expresión de otros.
CONCLUSIONES
Los autores seleccionaron, para su evaluación, algunas variables que corresponden a aristas de la dimensión sociocultural que, dada su amplitud, demanda de estudios posteriores que continúen profundizando en el tema. Se verifica en una comunidad residencial, la existencia de vulnerabilidades sociales, algunas de carácter racializado.
Los individuos y familias más desfavorecidos pueden concentrarse en barriadas marginales, o pueden residir en barriadas con una situación sociocultural más favorable. Los resultados e interpretación del estudio solo son un acercamiento al tema.
La complejidad del entramado de grupos que revelan la creciente desigualdad en la sociedad demanda de revisar, también, estudios ya publicados por otros autores y continuar desarrollando las investigaciones. Se concluye que en cada comunidad residencial la configuración de las vulnerabilidades sociales puede tener sus particularidades.
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