DEL AULA AL HABLA: ESTRATEGIAS COTIDIANAS PARA DESARROLLAR LA CONFIANZA Y FLUIDEZ ORAL EN INGLÉS
FROM CLASSROOM TO SPEECH: EVERYDAY STRATEGIES TO BUILD CONFIDENCE AND ORAL FLUENCY IN ENGLISH
Celina Vidal-Gracia¹
E-mail: celina.vidal.elbrus@gmail.com
ORCID: https://orcid.org/00090001-7476-2230
¹ Universidad Latapí Sarre. México.
Presentación: 12/09/2025
Aceptación: 29/11/2025
Publicación: 01/01/2026
RESUMEN
Desarrollar la expresión oral en inglés en educación primaria sigue siendo un reto en contextos hispanohablantes, donde la enseñanza del idioma suele limitarse a ejercicios gramaticales y memorización de vocabulario. Este ensayo teórico reflexiona sobre el papel de las secuencias formulaicas (chunks) y las rutinas didácticas como estrategias pedagógicas que favorecen la fluidez oral, especialmente en estudiantes de primaria que se inician en el uso del inglés como lengua extranjera. A partir del análisis de investigaciones nacionales e internacionales, argumentó que la incorporación constante de lenguaje funcional en el aula permite a los estudiantes comunicarse de manera significativa y desarrollar confianza al hablar. Asimismo, sostengo que las rutinas orales no solo promueven la práctica sistemática del idioma, sino que también crean un ambiente comunicativo accesible, natural y libre de ansiedad. Finalmente, propongo una intervención educativa basada en tres tipos de rutinas: de apertura, transición y cierre, para fortalecer la oralidad desde la cotidianidad del aula.
Palabras clave:
Fluidez oral, chunks, secuencias formulaicas, rutinas didácticas, inglés en primaria, enseñanza comunicativa.
ABSTRACT
Developing oral English in primary education continues to be a challenge in Spanish-speaking contexts, where English instruction often relies on grammar exercises and vocabulary memorization. This theoretical essay examines the role of formulaic sequences (chunks) and classroom routines as pedagogical strategies that support oral fluency in young learners of English as a foreign language. Based on a review of national and international research, I argue that the consistent integration of functional language in the classroom enables learners to communicate meaningfully while developing confidence in speaking. I also highlight those oral routines not only provide systematic practice of the language but also foster a communicative atmosphere that is accessible, natural, and low in anxiety. Finally, I present an educational proposal based on three types of routines: opening, transition, and closing, to strengthen oral interaction through everyday classroom practice. This approach has significant implications for primary education in Latin America, promoting equitable access to communicative English skills in resource-constrained settings.
Keywords:
Oral fluency, formulaic sequences, chunks, classroom routines, primary English teaching, communicative approach.
INTRODUCCIÓN
Hablar inglés implica mucho más que conocer sus reglas gramaticales. En realidad, el lenguaje cumple su función cuando permite interactuar con otros y construir significado. A nivel internacional, la enseñanza del inglés ha evolucionado del enfoque estructural al comunicativo, priorizando el uso del idioma como herramienta de interacción y no solo como sistema de reglas. Sin embargo, en los primeros niveles de aprendizaje, la oralidad sigue siendo una de las habilidades más difíciles de consolidar debido a la falta de exposición, la escasez de práctica continua y el temor a cometer errores (Boers & Lindstromberg, 2012; Lavado et al., 2025; Yu et al., 2022). Diversos estudios han demostrado que la fluidez oral está estrechamente vinculada con el uso de secuencias formulaicas o chunks, expresiones frecuentes que los hablantes almacenan como unidades completas para facilitar la comunicación. Estas estructuras reducen la carga cognitiva del hablante y permiten que se concentre en el mensaje y no tanto en la forma gramatical (Nation, 2001; Rafieyan, 2018).
En este sentido, los chunks y las rutinas orales se han convertido en estrategias clave para promover un aprendizaje más natural y contextualizado del idioma. Autores como Goulah (2017); y Paquot & Granger (2012) subrayan que la enseñanza explícita de estas unidades lingüísticas no sólo agiliza la producción oral, sino que también fortalece la competencia pragmática al permitir que los estudiantes reconozcan y reproduzcan patrones sociales del lenguaje. Las rutinas, por su parte, ofrecen un espacio pedagógico constante para practicar la lengua sin presión evaluativa, favoreciendo la confianza y la participación activa (Allwood & Brodin, 2025; Axelsson & Lundqvist, 2025).
Esta necesidad de fortalecer la oralidad también se refleja en el contexto mexicano. En los últimos años, el Programa Nacional de Inglés (PRONI) ha buscado ampliar el acceso al idioma en la educación básica, promoviendo un enfoque comunicativo que favorezca el uso del inglés en contextos reales. El documento oficial de la Secretaría de Educación Pública establece que el aprendizaje del inglés debe orientarse hacia el uso del lenguaje en contextos reales de comunicación, favoreciendo el desarrollo progresivo de la comprensión y la producción oral (México. Secretaría de Educación Pública, 2017). No obstante, diversos estudios señalan que la práctica oral sigue siendo limitada, en parte por las pocas horas semanales asignadas a la materia, el uso de materiales tradicionales y la falta de formación docente especializada (Sánchez & Basurto, 2020).
Como resultado, muchos niños pasan años “estudiando” inglés sin tener la oportunidad de utilizarlo para comunicarse. Esto genera una brecha entre lo que se enseña y lo que realmente se aprende: se adquiere conocimiento sobre la lengua inglesa, pero no se usa como herramienta viva de interacción. Investigaciones recientes en América Latina, como la de Lambraño Garay (2021), demuestran que las rutinas orales diarias; por ejemplo, saludos, canciones, preguntas del día o breves intercambios comunicativos, incrementan significativamente la participación y la confianza al hablar inglés desde edades tempranas. Por tanto, fortalecer la oralidad implica replantear la dinámica del aula para que el inglés deje de ser una materia enfocada en la corrección escrita y se convierta en un espacio de comunicación real, donde cada niño pueda hablar, equivocarse, aprender y sentirse parte de una comunidad lingüística activa.
Este ensayo reflexiona sobre el potencial pedagógico de los chunks y las rutinas didácticas para fortalecer la competencia oral en inglés en estudiantes de primaria. En la primera parte, presento el sustento teórico internacional sobre el impacto de las secuencias formulaicas. Después, analizo el contexto latinoamericano, en el que la enseñanza de la oralidad enfrenta desafíos asociados a la falta de práctica comunicativa en las aulas. Finalmente, planteó una propuesta educativa basada en rutinas orales que pueden implementarse de forma sencilla incluso en contextos con recursos limitados.
METODOLOGÍA
El presente trabajo se desarrolla bajo un enfoque teórico-reflexivo sustentado en el análisis documental y en la revisión crítica de investigaciones recientes sobre el desarrollo de la competencia oral en inglés como lengua extranjera. Su objetivo principal es examinar, desde una perspectiva comunicativa, cómo las secuencias formulaicas (chunks) y las rutinas orales pueden contribuir a fortalecer la fluidez y la confianza en estudiantes de educación primaria, en coherencia con los lineamientos del Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas (MCER).
Metodológicamente, se enmarca dentro de la investigación cualitativa interpretativa, pues busca comprender fenómenos educativos a partir de la reflexión y la integración de evidencia teórica. La metodología se estructuró en tres fases:
Revisión bibliográfica sistemática de fuentes académicas publicadas entre 2012 y 2024 en bases como ERIC, Scopus y ResearchGate, seleccionando estudios relacionados con enseñanza comunicativa, oralidad infantil y uso de secuencias formulaicas.
Análisis conceptual y comparativo de los enfoques didácticos predominantes, destacando aquellos que vinculan la adquisición lingüística con la interacción social y emocional.
Construcción de una propuesta educativa práctica basada en rutinas orales y chunks de uso cotidiano, adaptadas al contexto mexicano y alineado con las competencias comunicativas del Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas.
El Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas (Consejo de Europa, 2001; 2020) constituye el marco orientador de esta reflexión, ya que promueve una enseñanza centrada en la acción y el uso real del lenguaje. De acuerdo con este documento, el desarrollo de la competencia oral implica no solo producir frases correctas, sino también interactuar, expresar opiniones y reaccionar espontáneamente en contextos comunicativos reales. Este enfoque resulta especialmente pertinente para la educación primaria, donde los niños aprenden de manera más efectiva mediante la repetición, la interacción y el uso funcional del idioma.
Por ello, este ensayo considera que el uso de chunks y rutinas orales permite avanzar en los descriptores de nivel del MCER, especialmente en los niveles A1 y A2, que corresponden al aprendizaje inicial. A través de estas estrategias, los estudiantes pueden comprender y producir expresiones cotidianas, participar en intercambios breves y comunicar necesidades inmediatas con mayor naturalidad. En este sentido, la propuesta metodológica no busca medir resultados cuantitativos, sino ofrecer una interpretación pedagógica aplicable y contextualizada, capaz de vincular teoría, práctica docente y desarrollo comunicativo integral.
Perspectiva internacional: los chunks como base de la fluidez oral
La fluidez oral en una segunda lengua no se construye únicamente aprendiendo palabras sueltas o reglas gramaticales. A diferencia de enfoques tradicionales que priorizan la corrección gramatical sobre la comunicación, Autores como Nattinger & DeCarrico (1992); y Wray (2009), afirman que gran parte del lenguaje que usamos en la vida diaria está conformado por combinaciones de palabras que recordamos como unidades completas. Estas unidades son conocidas como secuencias formulaicas o chunks y funcionan como fragmentos de lenguaje listo para usar.
Uno de los beneficios más importantes de los chunks es que facilitan la producción oral rápida y coherente. Estudios como los de Rafieyan (2018); y Yu et al. (2022) han demostrado que los hablantes que dominan mayor cantidad de secuencias formulaicas presentan discursos más fluidos y con menos pausas. Esto ocurre porque al tener expresiones almacenadas en la memoria, no necesitan construir cada oración palabra por palabra, lo que disminuye el esfuerzo mental al hablar en otro idioma (Boers & Lindstromberg, 2012).
Desde la enseñanza, Goulah (2017) propone que introducir chunks de forma explícita en el aula permite que los estudiantes se involucren en interacciones reales desde las primeras etapas del aprendizaje. De este modo, es posible participar en conversaciones sencillas utilizando expresiones como I think so, Can I try again?, I don’t understand en una discusión sobre un juego escolar, sin necesidad de dominar toda la gramática del idioma.
Además, los chunks no solo facilitan el aprendizaje lingüístico, sino que también contribuyen al desarrollo de la competencia pragmática. Paquot & Granger (2020) afirman que muchas secuencias formulaicas están cargadas de intención social, por lo que aprenderlas permite interpretar y producir significados dentro de contextos culturales específicos. Contreras Izquierdo (2023) refuerza esta idea al señalar que las expresiones rutinarias utilizadas en la interacción cotidiana ayudan a transmitir cortesía, emoción o actitud, elementos clave en la comunicación humana.
En síntesis, los chunks son herramientas lingüísticas que acercan al aprendiz al uso auténtico de la lengua. No sustituyen el aprendizaje formal, pero sí actúan como un puente entre el conocimiento y la práctica, dando soporte a la fluidez y ayudando a que el estudiante se perciba como un usuario funcional del idioma.
Contexto latinoamericano: oralidad, práctica docente y desafíos reales
Hablar de competencia oral en Latinoamérica implica reconocer que la mayoría de los sistemas educativos aún luchan por equilibrar la enseñanza formal del inglés con su uso funcional. El estudio del British Council (2015) sobre enseñanza de inglés en América Latina revela que en países como México, Perú y Colombia, las clases de inglés siguen centradas en actividades escritas y ejercicios mecánicos, con poca interacción oral genuina entre estudiantes. Específicamente, en México, menos del 25% de los estudiantes de primaria participan en actividades orales interactivas durante las clases de inglés, lo que resalta la brecha entre la enseñanza teórica y la práctica comunicativa.
En México, Sánchez & Basurto (2020) señalan que el enfoque predominante sigue siendo memorístico y escolarizado, lo que significa que los estudiantes aprenden vocabulario y estructuras gramaticales de forma aislada, sin oportunidades de uso significativo. Como resultado, muchos alumnos pueden “reconocer” frases en inglés, pero no son capaces de construir mensajes propios o sostener conversaciones simples.
Otro desafío importante es el temor a equivocarse al hablar. Asysyfa et al. (2019) documentaron que la ansiedad comunicativa es una de las principales barreras para la oralidad en las aulas. Muchos niños prefieren guardar silencio antes que arriesgarse a pronunciar mal o ser corregidos frente al grupo.
Ante este panorama, distintos autores han señalado que es urgente implementar estrategias que permitan que el inglés se hable en clase de forma constante y natural. Lambraño Garay (2021) demostró que las rutinas orales diarias, como saludos, preguntas sencillas y breves intercambios comunicativos, aumentan gradualmente la participación oral de los alumnos.
También es importante mencionar que desde el enfoque educativo oficial, el Programa Nacional de Inglés (PRONI) reconoce la necesidad de promover el uso del idioma como herramienta de comunicación desde edades tempranas (México. Secretaría de Educación Pública, 2017). Aunque esta intención existe en papel, todavía hace falta traducirla en prácticas docentes reales y sostenidas en las aulas. Las rutinas propuestas en este ensayo podrían integrarse al PRONI al alinear sus objetivos comunicativos con actividades diarias en primaria, como usar rutinas de apertura para reforzar el uso funcional del inglés desde el inicio de la clase, permitiendo a los docentes adaptar el programa sin recursos adicionales y fomentar una transición gradual hacia la fluidez oral.
El reto, por tanto, no es únicamente metodológico sino también emocional y cultural: necesitamos aulas donde hablar inglés no sea motivo de miedo o vergüenza, sino una actividad cotidiana, accesible y significativa.
Propuesta educativa práctica
Después de analizar el potencial de los chunks y las rutinas orales en el desarrollo de la competencia oral, considero que el cambio en el aula no depende únicamente de nuevos materiales o programas, sino de nuevas formas de usar el idioma día a día. La oralidad puede fortalecerse incluso en contextos donde el inglés se imparte pocas horas a la semana, siempre que exista una práctica intencional, continua y alineada con los principios del Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas (MCER).
Desde este enfoque, el aprendizaje del inglés debe orientarse hacia el uso real del lenguaje en contextos significativos, promoviendo que los alumnos sean capaces de interactuar, responder y expresar ideas de forma comprensible. De acuerdo con los descriptores del nivel A1-A2, el estudiante debe poder “utilizar expresiones cotidianas y frases sencillas destinadas a satisfacer necesidades inmediatas” y “participar en interacciones breves y previsibles” (Consejo de Europa, 2001, 2020). Las rutinas orales y los chunks responden directamente a estos objetivos, ya que constituyen un medio natural para adquirir lenguaje funcional y desarrollar fluidez dentro de los límites del nivel inicial.
Propongo una intervención sencilla, flexible y contextualizada que cualquier docente puede aplicar sin necesidad de tecnología avanzada ni materiales complejos. Esta propuesta se estructura en tres tipos de rutinas comunicativas que se integran en momentos clave de la clase:
1. Rutinas de apertura: activar el idioma desde el primer minuto
El propósito es comenzar cada sesión con uso activo del inglés, reforzando expresiones funcionales de saludo, clima, emociones o fecha. Estas rutinas (de 3 a 5 minutos) permiten crear familiaridad lingüística y activar conocimientos previos.
Ejemplos de chunks:
Estas expresiones fortalecen la competencia sociolingüística y la interacción básica establecidas en el nivel A1 del MCER, ya que los alumnos aprenden a iniciar intercambios rutinarios y comprenden preguntas frecuentes del aula. Además, generan una expectativa comunicativa clara: en esta clase se habla inglés.
2. Rutinas de transición: mantener el idioma en movimiento
Las transiciones o momentos en los que se cambia de actividad o se organiza el material suelen ser subutilizadas, pero representan oportunidades valiosas para promover la oralidad funcional. Estas rutinas permiten que el inglés sea el idioma operativo de la clase. Ejemplos:
De acuerdo con el MCER, estas prácticas fortalecen la competencia pragmática, pues el alumno aprende a usar el lenguaje para gestionar acciones dentro del aula y comprender instrucciones. Además, reducen la ansiedad comunicativa al integrar la lengua en contextos naturales y repetitivos.
3. Rutinas de cierre: reflexión y uso expresivo del idioma
Finalizar cada clase con una breve producción oral ayuda a consolidar lo aprendido y a desarrollar una conciencia metalingüística. Ejemplos de expresiones:
Estas rutinas promueven la competencia discursiva del MCER, ya que los alumnos comienzan a producir mensajes cortos con sentido personal, apropiados a su nivel. Además, estimulan la autorreflexión y la autoconfianza, aspectos esenciales del aprendizaje comunicativo.
El papel del docente en el enfoque MCER
En este modelo, el docente actúa como facilitador y moderador del lenguaje, no como traductor ni corrector constante. Su función es crear situaciones comunicativas previsibles, usar apoyos visuales, gestos y repetición natural para que los estudiantes participen sin miedo al error. Como sostiene Nation (2013), la comunicación surge cuando el aprendiz siente que tiene algo que decir y cuenta con los medios para hacerlo. Desde la perspectiva del MCER, el docente favorece la autonomía y la competencia estratégica, permitiendo que los estudiantes usen el inglés con propósito y confianza.
Posibles desafíos de implementación y cómo superarlos
Aunque esta propuesta es accesible, puede enfrentarse a desafíos como la falta de formación docente en enfoques comunicativos o el temor a perder control en clases numerosas. Para superarlos, se recomienda ofrecer talleres breves de capacitación enfocados en rutinas orales basadas en el PRONI y el MCER, donde los docentes practiquen expresiones y dinámicas de interacción. Además, iniciar con rutinas cortas (2 a 3 minutos) permite una transición gradual, demostrando que hablar inglés a diario no requiere más tiempo, sino constancia.
Evaluación del impacto
La evaluación puede realizarse mediante observaciones sistemáticas (registrar cuántos estudiantes participan oralmente durante la semana) y encuestas breves para medir percepción y autoconfianza (“¿Te sientes más cómodo hablando inglés después de las rutinas?”). Estos indicadores permiten valorar avances en fluidez, espontaneidad y disposición comunicativa, en consonancia con los descriptores del MCER para niveles iniciales.
CONCLUSIONES
Hablar inglés desde la primaria no debería ser un privilegio, sino una posibilidad real y equitativa para todos los niños. Sin embargo, la realidad educativa muestra una brecha persistente entre lo que se enseña y lo que realmente se aprende. En muchas aulas, el inglés continúa impartiéndose desde un enfoque rígido, centrado en repetir palabras o memorizar estructuras, dejando de lado la interacción y el uso funcional del idioma. Esta situación limita las oportunidades de los estudiantes para expresarse y desarrollar confianza, generando una sensación de distancia entre el inglés de los libros y el inglés de la vida real.
Frente a esta problemática, resulta urgente transformar la manera en que se concibe la oralidad dentro del aula. No se trata únicamente de aumentar las horas de clase o de incorporar materiales costosos, sino de cambiar la dinámica cotidiana para que hablar inglés sea una experiencia diaria, natural y significativa. Las secuencias formulaicas y las rutinas orales ofrecen un camino viable para lograrlo, pues permiten integrar el idioma en actividades auténticas, donde cada estudiante tiene la oportunidad de participar, equivocarse y volver a intentarlo sin miedo.
Fortalecer la expresión oral en inglés implica también una visión pedagógica más humana, que reconozca las emociones, los ritmos y las necesidades reales de los niños. Si el inglés se convierte en un hábito comunicativo, deja de ser una asignatura aislada para transformarse en una herramienta viva de relación y descubrimiento. El reto está en construir aulas donde el idioma suene todos los días, donde los errores sean parte del aprendizaje y donde cada palabra pronunciada en inglés sea una muestra de crecimiento, confianza y pertenencia. Solo así podremos avanzar hacia una enseñanza verdaderamente inclusiva, significativa y comunicativa desde los primeros años escolares.
REFERENCIAS
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Conflictos de interés:
El autor declara no tener conflictos de interés.
Contribución de los autores:
Celina Vidal-Gracia: Concepción y diseño del estudio, adquisición de datos, análisis e interpretación, redacción del manuscrito, revisión crítica del contenido, análisis estadístico, supervisión general del estudio.